Disfunción del Tendón
Tibial Posterior.
TRAUMATÓLOGO DR. VILLANUEVA
La disfunción del tendón tibial posterior puede causar dolor en la cara interna del tobillo, hinchazón, debilidad al impulsarse y pérdida del arco del pie. Puede empezar como una molestia al correr o caminar y, con el tiempo, alterar el apoyo. Reconocer estos cambios permite valorar el tendón y decidir cómo protegerlo antes de que la deformidad limite más la marcha.
«El tratamiento de la disfunción del tendón del tibial posterior dependerá de la fase en la que se encuentre la lesión.» – Dr. Manuel Villanueva.
¿Qué es la disfunción
del tendón tibial posterior?
La disfunción del tendón tibial posterior aparece cuando el tendón tibial posterior pierde capacidad para sostener el arco interno y estabilizar el pie. Puede acompañarse de inflamación de su vaina, deterioro del tendón, alargamiento o rotura. El dolor puede aparecer antes de que el arco descienda de forma visible.
Conviene distinguir los términos. La tenosinovitis afecta a la vaina que facilita el deslizamiento del tendón; la tendinosis describe cambios degenerativos de su estructura. Disfunción significa que su trabajo mecánico está comprometido, con distinta intensidad según la lesión.
El músculo tibial posterior se origina en la cara posterior de la tibia y el peroné. Se dirige hacia abajo y hacia la parte interna del tobillo, convirtiéndose en tendón. Se inserta principalmente en el escafoides tarsiano o navicular y manda expansiones a otros huesos del pie.
¿Cuál es la función del tendón tibial posterior?
La función del tendón tibial posterior se puede diferenciar si estamos o no de pie. En bipedestación, es decir, de pie, sujeta el arco longitudinal interno, controla la pronación y ayuda al despegue. Su función de sostén es especialmente importante cuando todo el peso corporal está encima del pie.
En descarga, cuando el pie no apoya, lo lleva hacia la inversión y la flexión plantar, es decir, hacia dentro y hacia abajo. En apoyo actúa como antipronador o controlador de la pronación y contribuye a absorber el impacto contra el suelo.
Una alteración del apoyo también puede cambiar la manera de caminar. Si aparecen molestias en la rodilla o la cadera, conviene explorar la cadena del miembro inferior, sin atribuir automáticamente todos los dolores al tendón.
Cuáles son los 4 síntomas de la disfunción del tendón tibial posterior.
Los cuatro síntomas y signos más orientativos son dolor interno, hinchazón, debilidad al impulsarse y descenso del arco. Pueden presentarse juntos o por separado. La intensidad del dolor no permite saber por sí sola cuánto daño tiene el tendón; hay que comprobar también la fuerza y la forma del pie.
◼️ 1 Dolor en la cara interna del tobillo y del pie
El dolor suele seguir el recorrido del tendón, por detrás y por debajo del maléolo interno, y puede llegar al arco. Aumenta con actividades que le exigen trabajar repetidamente, como correr, caminar distancias largas o subir escaleras.
◼️ 2 Hinchazón y sensibilidad sobre el tendón
Puede aparecer edema alrededor del tobillo interno y dolor al tocar la zona. La localización ayuda a orientar la exploración, pero una hinchazón aislada no confirma el diagnóstico ni permite distinguir una inflamación de una rotura.
◼️ 3 Debilidad al impulsarse o ponerse de puntillas
Cuesta elevar el talón, dar impulso al paso o mantener el esfuerzo. La prueba de ponerse de puntillas sobre una sola pierna forma parte de la exploración médica; también importa cómo se mueve el talón durante el gesto.
◼️ 4 Pérdida del arco y cambio en la posición del pie
El arco puede descender y el talón desviarse hacia fuera. Mirado desde atrás, se ven más dedos por el lado externo: es el signo de «demasiados dedos». No se diagnostica contando un número fijo. En deformidades avanzadas también puede doler la cara externa del tobillo.
¿Qué puede causar dolor en el tendón tibial posterior?
La sobrecarga repetida puede dañar el tendón, especialmente si la demanda supera su capacidad de recuperación. En corredores interesa valorar los cambios de entrenamiento y la mecánica del apoyo. También puede lesionarse tras un traumatismo o deteriorarse progresivamente sin que exista un golpe concreto.
Aunque el artículo se relaciona con frecuencia con corredores, la disfunción también afecta a personas que no hacen deporte. Es más frecuente en mujeres y a partir de los 40 años; el exceso de peso, la diabetes y la hipertensión se asocian con mayor riesgo. Estos factores no equivalen a un diagnóstico.
Un pie previamente plano, la laxitud ligamentosa o una enfermedad inflamatoria pueden influir en la evolución. Cuando existe un acortamiento de gemelos, el especialista valora su repercusión sobre el apoyo; su presencia no implica que haya que operarlo.
Cómo puede evolucionar hacia un pie plano adquirido del adulto.
La pérdida de función del tendón puede contribuir al descenso del arco y a una deformidad del pie. También participan ligamentos y articulaciones. Por eso se utiliza el término deformidad progresiva del pie en colapso para describir un problema más amplio que una tendinitis aislada.
Como orientación, la clasificación clásica distingue cuatro estadios:
1. Estadio I: dolor e inflamación del tendón sin deformidad adquirida establecida.
2. Estadio II: descenso del arco y deformidad todavía flexible.
3. Estadio III: deformidad rígida del retropié.
4. Estadio IV: afectación añadida de la alineación y estabilidad del tobillo.
Estos estadios no son los cuatro síntomas ni un calendario que todos los pacientes recorran. Una deformidad flexible conserva posibilidades de corrección distintas de una rígida. La información para pacientes de la AAOS sobre el pie plano adquirido explica esta relación entre tendón, ligamentos y deformidad.
Cómo se diagnostica la lesión del tendón tibial posterior.
🟨 La palpación es fundamental para localizar la lesión.
🟨 El diagnóstico combina la exploración del pie con pruebas funcionales, como ponerse de puntillas sobre ambos pies o sobre uno solo: heel rise test y single-leg heel rise test. Se valoran el arco plantar, la fuerza y la flexibilidad; las imágenes completan esa valoración.
🟨 Las radiografías en carga muestran cómo se alinean los huesos al soportar el peso y si existe artrosis. La ecografía de alta resolución permite valorar el tendón y su vaina.
🟨 La resonancia puede completar el estudio de una rotura o de otras estructuras cuando sea necesario.
La elección depende de la pregunta clínica. No todos los pacientes necesitan las mismas pruebas ni una resonancia de entrada. Si hay sospecha de enfermedad reumática, la evaluación debe ampliarse.
Qué otras lesiones pueden producir un dolor parecido.
El dolor interno del tobillo no siempre nace del tibial posterior. El escafoides tarsiano accesorio puede causar molestias cerca de la inserción del tendón. El síndrome del túnel tarsiano afecta al nervio y puede producir quemazón, hormigueo o alteraciones de sensibilidad.
También hay que considerar procesos inflamatorios articulares y dolor de otras estructuras del pie. La artrosis subastragalina puede contribuir al dolor y la rigidez del retropié. Diferenciar estos problemas evita tratar como tendinitis una lesión cuyo origen es distinto.
¿Cómo se cura la tendinitis tibial posterior?
El tratamiento dependerá de la fase en la que se encuentre la lesión. De forma general, se empieza con tratamientos conservadores: soporte plantar, reducción de la sobrecarga y rehabilitación. Se busca recuperar o mejorar la función y evitar la progresión del pie plano; una deformidad rígida no se corrige solo con ejercicios.
🔷 Soporte plantar y corrección del apoyo
El soporte plantar o plantilla personalizada se elige tras un estudio biomecánico de la pisada. Un vendaje funcional permite quitar carga de trabajo al tendón. Si el dolor lo requiere, se puede indicar una bota de inmovilización temporal.
Los antiinflamatorios pueden ayudar a controlar los síntomas cuando están indicados, teniendo en cuenta los antecedentes médicos. No reparan por sí solos la estructura tendinosa ni sustituyen la corrección de la sobrecarga.
🔷 ¿Qué ejercicios puedo hacer para la tendinitis tibial posterior?
La rehabilitación busca recuperar fuerza y tolerancia al esfuerzo. Puede incluir elevaciones de talón con ambos pies y ejercicios de control del arco, adaptados por el fisioterapeuta a la tolerancia y fase de la lesión. Puede incluir trabajo progresivo del tibial posterior, control del pie y estiramientos adaptados. El ejercicio se ajusta a la fase de la lesión; forzar repetidamente un tendón doloroso no acelera su recuperación.
Un ensayo clínico sobre ortesis y ejercicio resistido estudió un programa de 12 semanas en 36 adultos con estadios I o II. Encontró mejoría del dolor y la función, con beneficio del ejercicio progresivo añadido al soporte y los estiramientos. Ese plazo describe el programa estudiado, no una fecha de curación para cada paciente.
🔷 Qué papel tienen las infiltraciones
En lesiones seleccionadas puede valorarse la infiltración de plasma rico en factores de crecimiento, descrita en el tratamiento de esta patología en la web del doctor. Su indicación debe individualizarse y acompañarse de control de carga y rehabilitación. No debe prometerse regeneración completa ni que evitará una operación.
Las infiltraciones también pueden producir dolor local, hematoma o infección. Los corticoides dentro del tendón se evitan por el riesgo de dañarlo o favorecer su rotura.
¿Cuándo se valora una operación del tibial posterior?
La cirugía se valora si persisten dolor y limitación relevantes pese a un tratamiento conservador adecuado, o si la deformidad requiere una corrección que ese tratamiento no puede aportar. La indicación depende de la flexibilidad, la artrosis, las estructuras afectadas y los objetivos del paciente.
En un pie flexible pueden combinarse procedimientos sobre tendones y ligamentos con osteotomías, que realinean los huesos. En un pie rígido y artrósico puede ser necesaria una artrodesis, que fija articulaciones para mejorar estabilidad y dolor a costa de perder movilidad.
No se indica una operación solo porque el arco sea bajo. La valoración debe concretar qué se espera mejorar y qué limitaciones pueden permanecer.
⬛ Qué riesgos debe conocer el paciente
Las complicaciones posibles incluyen infección, problemas de cicatrización, lesión nerviosa, trombosis y persistencia del dolor. Cuando se actúa sobre huesos puede haber retraso de consolidación o falta de unión; el material de fijación también puede causar molestias. El riesgo individual depende del procedimiento y de los antecedentes del paciente.
¿Cuánto tarda en recuperarse el tendón tibial posterior?
La recuperación suele medirse en meses y depende de la lesión y del tratamiento. Que disminuya el dolor no significa que el tendón ya tolere correr o permanecer de pie toda la jornada. Conviene progresar según la función, la respuesta a la carga y las revisiones.
Después de una reconstrucción pueden indicarse unas 6-8 semanas sin apoyar, seguidas de carga progresiva. Es una orientación para determinadas cirugías, no una pauta para aplicarse por cuenta propia. La recuperación completa puede prolongarse uno o dos años en procedimientos complejos.
La tendinitis no siempre requiere cirugía, pero tampoco conviene esperar una curación espontánea si persisten dolor, debilidad o descenso del arco. Mejorar el dolor con reposo no demuestra que se haya recuperado la función del tendón.
Para reducir nuevas sobrecargas, se revisan el calzado, las ayudas ortopédicas y la progresión del ejercicio. El seguimiento debe comprobar tanto los síntomas como la forma del pie: una mejoría del dolor no demuestra por sí sola que la deformidad se haya estabilizado.
¿Cuándo conviene consultar sin esperar?
Un arco que desciende, una debilidad nueva o un dolor que cambia la forma de caminar justifican una valoración. No hace falta esperar a perder la capacidad de apoyo para consultar.
Solicita atención urgente si aparece:
🔸Incapacidad repentina para apoyar tras una lesión o un chasquido.
🔸Hinchazón intensa con enrojecimiento marcado, calor o fiebre.
🔸Pérdida nueva de sensibilidad o un pie frío o de color anormal.
❓ FAQ’s sobre la disfunción del tendón tibial posterior.
¿Se puede caminar con una disfunción del tendón tibial posterior?
Se puede mantener la marcha que el pie tolere si el profesional no ha indicado descarga. Cuando caminar aumenta el dolor, la hinchazón o la cojera, hay que reducir la carga y revisar el tratamiento. Una bota o una pauta de apoyo restringido cambian esa recomendación.
¿Puedo seguir corriendo o hacer otro deporte?
Si correr reproduce las molestias, conviene interrumpir temporalmente el impacto. Puede valorarse bicicleta o natación si se toleran y el profesional las considera adecuadas. La vuelta a la carrera debe ser progresiva, después de recuperar fuerza y capacidad de apoyo, no solo cuando deje de doler en reposo.
¿Qué tipo de calzado es adecuado para la tendinitis tibial posterior?
Conviene un calzado estable, con sujeción mediante cordones o velcro y espacio para la plantilla si está indicada. Debe sujetar el talón sin comprimir. El profesional puede recomendar más soporte según la deformidad; un zapato no sustituye una ortesis prescrita.
¿Las plantillas tendrán que usarse siempre?
Depende de la deformidad y de la función que recupere el tendón. Algunas personas necesitan soporte a largo plazo; otras pueden modificarlo durante el seguimiento. No conviene retirarlo por cuenta propia al mejorar el dolor, especialmente si sigue existiendo descenso del arco.
¿Una rotura parcial obliga a operarse?
No necesariamente. La decisión depende de la función, la alineación, la flexibilidad y la respuesta al tratamiento, además del tamaño y la localización de la rotura. Una imagen de rotura parcial no permite decidir por sí sola si la cirugía es necesaria.
Artículo escrito y revisado por Dr. Manuel Villanueva · Traumatólogo y Cirujano Ortopédico de Cadera y Rodilla· Miembro AAOS desde 2004 y primer español reconocido por la AAOS por sus técnicas quirúrgicas · Número de colegiado 41299 · Consulta: C/ Donoso Cortés, 80, Madrid · doctorvillanueva.com
Artículo revisado por el Dr. Manuel Villanueva · Traumatólogo y Cirujano Ortopédico · Miembro de la AAOS desde 2004 · Nº colegiado 41299.
