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Bacterias en mi Prótesis de Rodilla

Bacterias en mi Prótesis de Rodilla. Autor: Antonio Cruz

A través de internet, di con el Dr. Manuel Villanueva. Cuando acudimos a él, nos explicó todo de forma clara, abierta y sincera. No sé qué hubiera sido de mis problemas sin encontrar a profesionales médicos que saben lo que tienen entre manos..

Mi caso no difiere mucho de todos los que he tenido la oportunidad de leer en esta gran comunidad online que se hace eco de un problema, creo que desconocido entre la población, pero que realmente puede sucederle a cualquiera. Tengo 77 años y tuve que someterme a una intervención de prótesis de rodilla, como les sucede a muchas personas, cada vez más, con el afortunado aumento de la esperanza de vida.

El caso es que sufrí una infección de la prótesis de rodilla, una de las posibles complicaciones en este tipo de intervenciones tal y como aprendí más tarde. Yo no me encontraba bien. Tanto, que la rehabilitación se me hacía imposible. Había estado sometido a tratamiento con antibióticos previamente, precisamente por la sospecha de infección, pero ni había forma de aislar la bacteria ni se conseguía combatir. El caso es que el uso continuado de antibióticos empezó a darme problemas de hígado y los médicos decidieron suspenderlo porque no encontraban evidencias objetivas de que la infección persistiera. Era como si estuviera escondida.
Pero el dolor, la incapacidad, la falta de recuperación eran una constante pese al paso del tiempo. Habían pasado ya cinco meses desde la intervención y mi médico me comentaba que no existía ningún motivo real para mis quejas.

La familia, lógicamente, estaba preocupada y decidió buscar una segunda opinión. Fue entonces, cuando a través de internet, dieron con el Dr. Manuel Villanueva. Cuando acudimos a él, nos explicó todo de forma clara, abierta y sincera.
Había que retirar la prótesis de rodilla infectada, el único camino para solucionar el foco real del problema, la infección, que él creía que sí existía, aunque no diera la cara en los análisis.
El Dr. Villanueva, Manuel, como le gusta que le llamen, me comentó que la sustitución de la prótesis se haría en dos tiempos. Una primera: retirada de la prótesis y luego habría que esperar un periodo de tiempo, en el que no tendría prótesis (y me colocarían “un espaciador” o una prótesis de cemento óseo cargado de antibióticos en la rodilla) y, luego, una segunda intervención en la que colocaría la prótesis nueva.

Es curioso, la noche de la operación estaba bien de mi pierna pese a tantos meses de sufrimiento y fueron mis manos, las dos, las que no me dejaban descansar. Ya había hablado con el doctor de este problema, sufría síndrome del túnel del carpo en ambas manos y decidió infiltrarme analgésico con la ayuda del ecógrafo, porque realmente además del dolor esta lesión impediría mi movilidad con muletas. Me hablo de la cirugía ecoguiada ultramínimante invasiva y acepté a someterme a ella. Al día siguiente ya podía hacer tareas cotidianas y lo más importante, a los tres o cuatro días podía usar muletas y apoyarme en ellas con mis manos operadas, y caminar así con mi prótesis de cemento, el famoso espaciador.

La rodilla va por buen camino, alguna molestia de vez en cuando, pero muy bien. No sé qué hubiera sido de mis problemas sin encontrar a profesionales médicos que saben lo que tienen entre manos. Muchas gracias al equipo de Avanfi por mi recuperación y por esta comunidad que contribuye a dar a conocer este problema y cómo buscar soluciones.

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Opinión del Especialista en Prótesis de Rodilla.

El caso de Antonio es muy interesante. La dificultad en el diagnóstico es una de las claves cuando uno se enfrenta a este tipo de problemas. Para mi, muchas veces, superior a la dificultad en el tratamiento.
La complejidad es enorme, no exíste una sola prueba diagnóstica que establezca, por si sola, el diagnóstico de infección. Para suplir esto distintas sociedades científicas han desarrollado complejos algoritmos para establecer el diagnostico y definiciones de infección basadas en la suma de alteraciones clínicas de las pruebas: análisis, radiografias, gammagrafía, cultivos repetidos. Pero esos algoritmos son una certificación de nuestra incompetencia.
En la literatura médica, entre el 7-30% de los pacientes diagnósticados, publicados y tratados como infección de prótesis de rodilla o de cadera no tienen un microorganismo (bichos) identificado, por lo tanto, siendo puristas nadie puede certificar que eso sea una infección. La cifra es impresionante, o a mi me lo parece. El 7% corresponde a centros que trabajan con los mejores medios posibles, como la Clínica Mayo o el Servicio de Microbiología del Profesor Bouza, en el Gregorio Marañón, con cuyos estandares intentamos trabajar.
Esto es un fracaso en si mismo. Haciendo las cosas bien podemos estar cerca de ese 7% y, en el futuro, nuevos sistemas de detección de bacterias se añadiran a nuestras herramientas de diagnóstico.
Pero mientras nosotros estamos en esta comunidad compartiendo información y en los congresos médicos aprendiendo mas y mas, las bacterias siguen en el “biofilm”, esa película que crean alrededor de las prótesis y que evita que pase el antibiótico, obligandonos a retirar la prótesis para poder curar la infección. El “biofilm” es el congreso, la comunidad de las bacterias. En el comparten material genético, se especializan, se perfeccionan, aprenden a convivir en colonias asociadas de diferentes bacterias, que confunden luego los cultivos del microbiólogo y, en muchos casos, nos ganan la batalla.
La sospecha diagnóstica es fundamental, Una prótesis que siempre ha dolido, independientemente del ejercicio o actividad, suele ser por un síndrome de dolor complejo o por una infección.
Basicamente hay tres tipos de infección:
Aguda, en las 3-4 semanas tras la operación, suelen ser por bacterias agresivas que causan dolor, hinchazón, enrojecimiento…;
Subaguda: se diagnóstican o dan la cara entre el mes y el año o los dos años (las clasificaciones varían un poco pero la idea es válida). Estas son las más difíciles de diagnósticar. Se confunden con una mala rehabilitación, un paciente que no va bien, muy sensible…pero están ahí. Mención aparte merecen las infecciones agudas (los signos aparecen en el primer mes tras la operación) que los médicos enmascaramos dando antibióticos para calmar nuestra ansiedad, en vez de ir a la raíz del problema y luego, meses mas tarde parecen una infección subaguda o crónica.
Hematógena tardía. Son infecciones a partir de los dos años en prótesis que han funcionado bien. Una enfermedad del riñon, pulmones, etc provoca una diseminación de bacterias que se asientan en la prótesis. Dependiendo del tipo de bacteria la prótesis comienza con un cuadro agudo de dolor e inflamación o un cuadro mas larvado y progresivo.
Afortunadamente Antonio ha ido bien, dobla y extiende y ha podido evitar que le quedase la pierna rígida, algo que llegó a temerse.
Pero no todos los casos son tan afortunados, hay muchas personas con enormes secuelas y sufrimiento, derivado de estas infecciones y esa incapacidad que tenemos los médicos para solucionar los problemas y espero que pronto, su testimonio enriquezca este blog y esta comunidad.
Gracias Antonio por su testimonio y por su lucha.