Autora : Esperanza

Creo que es muy importante asesorarse bien antes de realizarse una intervención de prótesis, porque son complicadas y se requiere de cirujanos con experiencia. Lo cierto es que hay pocos profesionales altamente cualificados para llevar a cabo este tipo de intervenciones

Soy una mujer de mediana edad con una larga vida dedicada a una de mis mayores aficiones: el deporte.

No hay actividad que haya dejado de practicar: nadar, correr, montar a caballo, béisbol….y siempre estuve bien y sin problemas. Pero con el tiempo empecé a notar molestias en la rodilla. Pese a que realicé varias consultas me dijeron que no tenía nada. Hasta que un buen día caminando, perdí el equilibrio, me caí y a partir de ese momento empezó la larga lista de calamidades, tras mi primera intervención. Creo que hay pocos casos como el mío, sinceramente, en la vida a algunos les tocan unas cosas y a otros, otras.

Pero seguro que los lectores lo entienden en cuanto lean este post. La primera vez que pase por quirófano fue precisamente por mi caída para arreglar mi menisco interno y externo y la rótula, pero pese a la intervención no conseguía ponerme bien, no tenía suficiente movilidad y fue en ese momento cuando un compañero de mi marido le comentó que él había necesitado someterse a una prótesis de rodilla y que le había ido bien, que a los pocos meses se sentía ágil y que doblaba la articulación. El caso es que cada vez más personas empezaron a hablarme de colocarme una prótesis de rodilla y me decidí.

Tras pasar por quirófano en marzo de 2006, para una artroplastia total de rodilla derecha me prescribieron rehabilitación. Pero el problema fue a peor, fui desarrollando adherencias (fibrosis), cada vez tenía más rigidez, dolor y molestias. Al final, mi rodilla estaba rígida del todo, no podía doblarla apenas unos grados, lo que desembocó en reiteradas consultas y pruebas que desvelaron la necesidad de llevar a cabo una segunda intervención para cambiar la prótesis por una más “constreñida y autoestable que nos permitiera colocarla con menor tensión tibial”, como decía en el informe de mi cirujano. Había pasado ya un año, pero durante la intervención se produjo un desgarro de la arteria poplítea por lo que tuvo que venir un cirujano vascular. Todo se arregló, pero el daño arterial iba a dejar secuelas. El primer problema fue la necrosis de la piel.

Enumerar, a partir de aquí, la cantidad de procedimientos a los que me tuve que someter puede resultar eterno, curas, injertos… Cuatro meses estuve ingresada mirando al techo: es la imagen clara de lo que pasé. Cuatro meses, en los que mi hijo pasaba todo el día a mi lado y mi hija toda la noche pese a mi constante insistencia en que se fueran. Mi marido también se dedicó en cuerpo y alma a cuidarme.

Y también llego la infección

A mi historia clínica truncada, no le faltó una infección, la necesidad de infiltraciones de plasma rico en factores de crecimiento para intentar que cicatrizasen los bordes, entre otros procedimientos… Imagino, o casi estoy segura de que el propio equipo médico que seguía mi caso no podía salir de su asombro y consternación. Soy una persona con bastante entereza y paciencia, pero la verdad es que un caso como el mío acaba con cualquiera.
Las secuelas de la falta de riego habían dañado músculos y nervios, por lo que no movía bien mi pie. En marzo de 2008, dos años más tarde, fui sometida a una transposición del músculo tibial derecho y a una tenotomía del segundo y tercer dedo del pie derecho, que se estaban deformando, en garra, por el daño de las estructuras.

Si ahora alguien se pregunta cuál es mi estado actual, le diré que ando con bastón que mi familia prefiere que no salga de casa sola, pero llevo una vida normal. Creo que es muy importante asesorarse bien antes de realizarse una intervención de prótesis, porque son complicadas y se requiere de cirujanos con experiencia. Mi caso creo que es una excepción afortunadamente, pero lo cierto es que hay pocos profesionales altamente cualificados para llevar a cabo este tipo de intervenciones. Pero sobre todo es importante recordar a los pacientes que no se hundan y no tengan miedo. El mundo no se acaba si no puedes doblar la rodilla o ir con bastón, hay cosas mucho peores y de todo se sale.

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One thought on “Testimonio Prótesis Rodilla: ‘Una Historia Truncada’

  1. Esperanza es un ejemplo de lucha, admirable.
    Su caso nos debe dar esperanza pues la vida sigue, pese a la enfermedad. La rigidez de una articulación, en su forma extrema, se conoce como artrofibrosis. Es una enfermedad horrible que puede ser provocada, inicialmente, por un problema mecánico (una prótesis en mala posición o con un balance inadecuado de los ligamentos, o por elegir un mal modelo de prótesis). También puede deberse a un problema intrínseco desconocido (una predisposición individual anormal del paciente, al igual que algunas personas hacen cicatrices hipertróficas y queloideas y otras, no). Sobre las causas de esta enfermedad, los médicos seguimos investigando, elucubrando y teorizando. Habría algo en el sistema inmune o en el sistema nervioso de algunos pacientes que provoca que, ante determinados estímulos, (un traumatismo, una operación…), se produzca una cicatrización fibrosa hipertrófica, anormal, que deja, poco a poco, la articulación rígida, sin juego.
    El cuerpo tiene reacciones similares, a veces de defensa, que son exageradas y se convierten en un problema, por ejemplo una reacción alérgica, o ciertas reacciones que hace el hueso, formando zonas de osificación extensas y anormales que provocan dolor , rigidez o comprimen un nervio o un vaso (se conocen como osificación heterotópica: fuera de su sitio natural). En el caso de la artrofibrosis el tejido fibroso es el responsable.
    Cuando la causa de la artrofibrosis es conocida (con la ciencia actual) el pronóstico es mejor, pues se trata la causa y el paciente mejora (por ejemplo, un error quirúrgico o una causa mecánica), pero cuando la rigidez o artrofibrosis es de causa desconocida (por estos factores que hemos comentado), el tema no está resuelto, atacamos con el bisturí a un enemigo invisible, el pronóstico es peor.
    Esperanza es uno de estos casos. La conocí con la rodilla rígida y estuve en algunas de sus operaciones, incluida la de la lesión de su arteria, que se rompió por un desgarramiento provocado por la tracción de los tejidos de la cápsula posterior, no por un corte del bisturí u otra maniobra quirúrgica. Estábamos en quirófano varios cirujanos expertos y no pudimos evitar la complicación. La cadena de complicaciones ya os la ha descrito. Es terrible, la lucha contra lo desconocido, pues en estos casos nos faltan conocimientos sobre los mecanismos de modulación de estas reacciones.
    Por último llegó la infección y la pierna rígida y atrófica.
    Un cirujano vive con estos casos, es parte de nuestras vidas, te desgastan, no hay que olvidarlos ni silenciarlos, nos deben obligar a estudiar, a ser mejores o a ser más humanos cuando nuestra técnica o nuestro conocimiento no llega. En este caso, nos desgastamos mucho, pero ella y su familia infinitamente más. Le doy las gracias por haber seguido confiando en los médicos y seguir adelante con su vida, haciendo más fácil también la de su familia y la de los profesionales que la tratamos.

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