Testimonio Secuelas del Compartimental Isquémico

Merche Sáenz | Mérida, Octubre de 2020

Tras seis meses sin un diagnóstico correcto, mis piernas estaban cada vez peor. El dolor era insoportable, los músculos se palpaban rígidos como piedras y el equinismo ya no me dejaba ni ponerme en pie. Mis traumatólogos se miraban unos a otros sin saber qué decir. Y, lo peor, sin atreverse a reconocer que no habían diagnosticado a tiempo un Síndrome Compartimental y que, llegados a ese punto, no tenían ni idea de cómo abordar sus secuelas. Fue así como, a la desesperada, decidí buscarme la vida por mi cuenta y navegando por internet encontré al Dr. Villanueva.

Creo que eran las cuatro de la madrugada cuando le escribí un mail contándole mi caso. Al despertar, su respuesta estaba ahí: «Tengo que verte. Ven en cuanto puedas, aunque sea sin cita». Por supuesto, no lo dudé un segundo y acudí ipso facto.

Su gesto, al tocar mis piernas, lo dijo todo: aquello era mucho más serio que las «contusiones» que mis traumatólogos sostenían como diagnóstico. Y el ecógrafo confirmó sus sospechas. Había necrosis muscular y retracción isquémica en los gemelos, el soleo, y los flexores profundos de ambas piernas. Además, los nervios peroneos estaban pinzados por las fibras dañadas, y de ahí el dolor continuo y lacerante. Sus palabras fueron firmes: había que operar lo antes posible. Retirar la musculatura necrosada, liberar nervios, y alargar los gemelos para corregir el equinismo. Y había que hacerlo lo antes posible para evitar daños mayores.

Fue un mazazo. Y no solo por lo que significaba pasar por quirófano y afrontar una convalecencia, a priori, complicada, sino porque después de tantos meses y tantos “especialistas”, me sentía engañada, totalmente decepcionada de la clase médica. ¿Cómo volver a confiar en otro médico? Y, sin embargo, ahí le tenía, con su voz serena, su gesto firme, su verdad sin tapujos y su puerta a la esperanza: “Ni yo ni nadie podemos devolverte los músculos necrosados, pero si me dejas operarte, te prometo que volverás a andar y recuperarás la máxima movilidad posible»

No voy a extenderme con los pormenores de las intervenciones quirúrgicas y sus respectivas convalecencias. Solo quiero decir que el equinismo se corrigió desde el primer día y que, una vez superada la inevitable inflamación postoperatoria, el dolor también cedió. ¡Puedo caminar! Y he recuperado gran parte de la movilidad perdida. Pero hay otra cosa aún más importante que he recuperado: la confianza en los médicos. Ojalá muchos profesionales aprendieran de la pericia y humanidad que el doctor Villanueva y su equipo gastan. Imposible pedirles más. Desde el minuto cero pendientes de que todo fuera perfecto. Y eso que no se lo puse fácil, porque hacía mucho tiempo que no se enfrentaban a un desaguisado semejante «Te hemos sacado un alien», dijo María, la enfermera, refiriéndose a la musculatura necrosada que habían tenido que reseccionar.

Podría añadir una nutrida lista de detalles y anécdotas que avalan el buen hacer de mi querido Manuel Villanueva —permitidme que le tutee tras la odisea que hemos vivido juntos— pero todo se resume en un GRACIAS con mayúscula. Sin duda, ponerme en sus manos ha sido la decisión más acertada de mi vida.

Comentario del Especialista sobre las Secuelas del Compartimental Isquémico y este Testimonio

Merche, “Estricnina”, como la llamamos cariñosamente en el equipo por su brillante libro del mismo título, tenía un cuadro de retracción por isquemia y necrosis de las piernas, derivados de una operación compleja y prolongada durante la cual sus piernas estuvieron en una posición forzada, que le “cortaba” la circulación.

Vino a la consulta con una mezcla de esperanza, desesperación y cierta desconfianza, la de muchos pacientes cuando los médicos no les hacemos todo el caso debido. Ella, enfermera, tenía este sentimiento porque ni siquiera encontraba la comprensión de que los médicos reconociesen su verdadero estado, no ya el diagnóstico o el tratamiento.

Sus pantorrillas estaban duras como las de un campeón olímpico de velocidad, pero no podía apenas andar porque la retracción y acortamiento de la musculatura le hacía caminar de cada vez más de puntillas y se fatigaba pues su marcha no era natural o normal.

Se tocaba un cordón duro, fibroso, donde debería haber músculos elásticos y normales. La ecografía objetivaba una musculatura fibrosada, sin el patrón normal de los haces musculares y el nervio estaba también atrapado. Había que liberar el nervio y liberar o resecar las partes muertas del músculo, que no se contraían y actuaban como bandas fibrosas, para devolver la movilidad, primero pasiva y luego, si la evolución era favorable, activa.

Desgraciadamente esta es una cirugía que no se puede hacer con ecografía, como tantas otras, sin abrir, y es una cirugía “a la carta”. Afortunadamente pudimos hacer casi toda la operación con una incisión pequeña sobre el cuello del peroné, liberando el nervio ciático poplíteo externo, liberando y alargando la musculatura, extirpando las zonas muertas del gemelo externo y soleo y peroneos, haciendo también una fasciotomía de los compartimentos. La movilidad pasiva se recuperó al instante, el equino (pies de puntillas) se corrigió y las bandas fibrosas de las piernas, tejido muerto en realidad, desaparecieron. Con mucho trabajo y dedicación consiguió una enorme mejoría. Los cuadros isquémicos, los síndromes compartimentales pueden ocurrir, a veces, de una forma algo más insidiosa de lo que pensamos y perdemos la oportunidad de descomprimir el compartimento y limitar los daños de los tejidos.

Afortunadamente, aunque tarde, Merche consiguió mejorar muchísimo su calidad de vida y nosotros estamos muy contentos con su evolución y su amistad.

Muchas gracias Merche por tu testimonio, tu prosa y tu fe en nosotros.