testimonio prótesis de rodilla: la única solución era la colocación de una prótesis del especialista en prótesis de rodilla y cirugía ortepédica Dr. Manuel Villanueva

Carlos Millán

El miedo es libre… Para mí, el Dr. Villanueva pasó a ser Manuel. Me pareció un detalle que lo primero que hizo cuando llegó al hospital fue subir a ver a mi madre, le dio un beso y le transmitió toda la confianza, seguridad y ánimo que en ese momento necesitaba.

Mi madre es una señora de mayor que arrastra, desde hace muchos años, problemas de artrosis. Ya en el 93 tenía problemas en las rodillas por culpa de la enfermedad.

Aunque tenía dolores en la mencionada articulación, que cada vez iban a más en intensidad y frecuencia, ella tenía bastante miedo a una intervención quirúrgica. Había ido ocasionalmente desde entonces al traumatólogo. Solo se había operado una vez en su vida, muchos años atrás cuando le hicieron una histerectomía. Toda la familia la animábamos para que fuese al médico e intentara poner una solución al problema de las rodillas. Pese a tener dolor al subir y bajar escaleras, cuando llevaba tiempo caminando, o simplemente al sentarse y levantarse, ella en general hacía una vida normal.

En este sentido, mi padre es una persona bastante activa (ya jubilado pero es quien le anima en muchas ocasiones para hacer cosas. Por ejemplo, tienen una casa en Galicia, y nunca renunció por pereza a coger el coche y hacerse 700 kilómetros para llegar hasta ella). Era él quién motivaba a que siguiera su vida normal.

El verano pasado fuimos al traumatólogo y nos dijo, tal y como ya le habían dicho antes otros especialistas, que la única solución era la colocación de una prótesis. Que se lo pensara y cuando estuviese preparada, le hacían la intervención. Según el médico, era una operación sencilla y las posibilidades de éxito eran muy altas.

En el mes de noviembre del 2013, una amiga suya se opera y a las pocas semanas vuelve a hacer una vida normal. En Navidades ya estaba prácticamente recuperada tras la rehabilitación y fue su ejemplo lo que animó mucho a mi madre, pues se dio cuenta de que el proceso era algo que se puede superar relativamente pronto y permite volver antes de lo pensado a la vida normal.

La Decisión, El Inicio Del Proceso

El 14 de enero decide operarse, y tras las pruebas de preoperatorio entra en quirófano el 29 del mismo mes. Según el médico en la operación todo había ido bien, estuvo unos 7 días ingresada en el hospital, por allí caminaba, le colocaban una máquina que le movía la rodilla y todo aparentemente normal.

Tras el alta, regresamos a urgencias a los tres días porque tiene la pierna muy hinchada. Nos dicen que es normal y que es un edema posicional, que tiene que tener la pierna en alto, que ha tenido también retención de líquidos, etc… Tan sólo dos días después, empieza a tener fiebre. Ante la sensación de que algo no iba bien, me pongo en contacto con un conocido que es traumatólogo y le comento la situación. Me dice que si la rodilla está hinchada, con calor y ella tiene fiebre todo indica que es una infección y lo mejor es volver a llevarla al hospital. Efectivamente nos fuimos de urgencias al hospital y nos atendió en esta ocasión el propio médico que le había operado. Le mando unos antibióticos y que volviéramos a los pocos días.

Empezó la rehabilitación y estos fueron, para mí, los peores dos meses de todo el proceso. Fuimos unas ocho veces a revisiones y de urgencias al hospital. Cada vez andaba peor, torcía más la pierna, le dolía, la rodilla estaba muy roja y muy hinchada. A diario, después de comer empezaba a tiritar de frío y a partir de las 6 de la tarde. A diario, también, tenía fiebre (ahora cuando comento con ella aquellos momentos tengo la sensación de que lo ha querido borrar de su mente, o no fue consciente realmente de la situación en la que estuvo).

Tras varias visitas al médico, analíticas, pruebas (algunas de ellas creo que sin sentido), nos dicen que, efectivamente, parece que tiene infección (primera vez que utiliza esa palabra en todas las visitas que habíamos hecho). El doctor nos confiesa que no tiene mucha experiencia en estos casos (palabras textuales a una pregunta de mi hermana Lidia), y que lo que podría hacer es un lavado de la prótesis, pero que tampoco garantizaba mucho, etc…Este doctor nos decía que en su experiencia “nunca” había tenido un problema de infección en una prótesis.

 La Sospecha De Infección

Estos días fueron un poco caóticos. Además para mi madre fue un jarro de agua fría el hecho de tener que volver a pasar por el quirófano y sin ninguna garantía de éxito. Nos planteamos, entonces, buscar una segunda opinión médica. Mi hermana mayor, Azucena, nos comentó que tenía una compañera suya en el trabajo y que su madre pasó por una situación similar que resolvió el Dr., Villanueva. Me mandó su contacto, investigamos por internet, yo también pregunté por referencias suyas ya que había estado en el Hospital Gregorio Marañón, y a través de un amigo, que conocía a una doctora que fue residente suya, obtuvimos más datos. Todas las referencias que nos dieron y la información que encontramos fueron positivas.

Dos días después de la última visita con el doctor que la operó, ya teníamos cita con el Dr. Villanueva. A esa cita, fuimos mi madre, mi padre, mi otra hermana, Lidia y yo. Le expusimos el caso, lo valoró y nos proporcionó mucha información, que en ese momento probablemente asimilamos parcialmente. Pero sí recuerdo que nos dijo que la única manera de solventar una infección era quitando su foco, en este caso la prótesis. 

La Segunda Opinión

Cuando fuimos a ver al Doctor Villanueva, mi madre estaba empezando a andar peor, tenía la pierna más torcida, no la podía estirar, la tenía roja. En la misma consulta nos dijo que la solución era volver a operar y cambiar la prótesis. Para mi madre fue un gran varapalo, porque supongo que ella tenía la esperanza de ir a ver a un médico nuevo y que tuviera una “solución mágica” a su problema y también porque tal y como nos contó el doctor, la sustitución de la prótesis se haría en dos partes. Una primera: retirada de la prótesis y luego habría que esperar un periodo de tiempo, en el que no tendría prótesis (le colocarían un espaciador en la rodilla) y, luego, una segunda intervención en la que se colocaría la prótesis nueva.

Cuando nos lo contó, el Dr. Villanueva nos trasmitió ante todo seguridad y respuestas, así como todas las opciones y detalles que le pedíamos. Toda la familia tuvimos una cierta sensación de seguridad y decidimos que íbamos a seguir con él. Él ya tomo muestras del líquido de la rodilla de mi madre, para rastrear las posibles bacterias que tenía, y nos comentó las posibles opciones de hospitales para operarla. Entre ellas estaba el hospital donde la operaron la primera vez, y a mí personalmente no me gustaba la idea porque creía que a ella le iba a traer recuerdos no muy gratos de su paso por allí.

Bueno, al final, decidimos que lo mejor sería operarla en otro centro, Unos días más tarde, efectivamente recibimos la confirmación de que se había encontrado una bacteria en los cultivos de mi madre, un Estafilococo Aureus y que parecía ser resistente a bastantes antibióticos.

Tuvimos que contenernos emocionalmente, porque para mi madre era la gota que colmaba el vaso. Volvía a pasar por un quirófano y además sabía que no era la última operación, sino que tendría que haber una tercera operación. Creo que la conozco bastante bien, y en esos días todo pasó por su cabeza (casi puedo asegurar que ella pensó que perdería la pierna).

El 12 de abril, sábado, toda la familia, estábamos en el Hospital. Para mí, a partir de ese día, el Dr. Villanueva pasó a ser Manuel. Me pareció un detalle que lo primero que hizo cuando llegó al hospital fue subir a ver a mi madre, le dio un beso y le transmitió toda la confianza, seguridad y ánimo que en ese momento necesitaba.

La operación fue bien. Nos dijo que había sido una operación “agresiva” porque tenía que limpiar toda la zona para asegurarse que se eliminaba toda la infección.

La Recuperación

Mi madre estuvo un par de días en la UCI. Cuando volvimos a casa había que ayudarla a hacer todos los días unos ejercicios y se tuvo que poner una ortesis, que hacía todo bastante incómodo. Los primeros días, cuando doblaba la rodilla, sonaba fatal, y teníamos mucha inseguridad por si aquello era normal o no. Esta era la prótesis transitoria de cemento cargado con antibiótico. El doctor nos explicaba que era normal y que se animase pensando que cuanto más rozamiento entre las piezas más antibiótico se liberaba en la rodilla. Pero lo importante, con el paso de los días, fue que desapareció todo: la fiebre, y poco a poco se iba encontrando mejor.

Tras varias semanas y analíticas todos los indicadores referían mejoría. La especialista en microbiología, la doctora Sánchez-Somolinos, nos visitó y explicó también las peculiaridades de estas infecciones. Mi madre también tenía un poco de anemia, pero creo que se iba encontrando mejor. En este tiempo solo salió a la calle, las veces que fuimos a la consulta de Manuel, y para dos comuniones de mis sobrinos, por lo que tuvimos que alquilar una silla de ruedas, lo cual hacía que fuese todavía más aparatosa la situación en la que estaba.

Pero el tiempo pasó rápidamente, éramos muy constantes con la medicación y los ejercicios. Tenía su rutina diaria. Y en una visita, el doctor nos dijo que ya se podía hacer la segunda intervención. A los dos meses y dos días, volvió al Hospital. Esta vez el postoperatorio fue menos impactante. Tenía que empezar a andar con muletas, volver a rehabilitación,

Desde el principio, ella puso su mejor voluntad en hacer todo lo que le indicaba el médico. Poco a poco, fue mejorando, tenía la pierna muy hinchada, pero conseguía doblar bastante. La herida fue cicatrizando, pero seguía teniendo unas manchas, parecían hematomas, que no desaparecían. En agosto tuvimos un pequeño susto. El 25 de julio se hizo unos análisis y los marcadores que señalan el nivel de infección o inflamación le habían subido, la proteína C reactiva y la velocidad de sedimentación estaban más altos que en el último análisis. Manuel le volvió a extraer líquido de la rodilla y lo volvieron a analizar y el resultado fue negativo. Aparentemente no había ninguna bacteria, pero la incertidumbre quedaba ahí.

Ahora lleva una rodillera, todavía tienen un poco de dolor y de momento no dobla más de 90 grados, pero puede hacer una vida más o menos normal. El problema es que la otra rodilla la tiene también bastante mal y antes o después se debería operar…. y su experiencia no ha sido muy grata, además el miedo es libre.

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