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Testimonio Prótesis Cadera: ‘No hay que perder nunca la fe’

Pilar Álvarez Lázaro

Él me explicó que mi caso era muy complicado pero que lo intentaría
Fue un milagro. Mi salvación. La Virgen me lo puso en mi camino

Tengo 74 años y resido en Zaragoza. Al parecer y debido a una malformación congénita, desde que nací, mis huesos y articulaciones han ido de mal en peor. Fue hace 35 años cuando tuve que someterme a una primera intervención por problemas en la cabeza del fémur derecho. Recuerdo que me explicaron que tuvieron que hacerme una reducción de la cabeza del fémur y anclarla. La operación era una osteotomía varizante del fémur.

Poco tiempo después, volvía a pasar por quirófano para colocarme una prótesis en la cadera izquierda. Y a sumar: también me colocaron una prótesis en la rodilla derecha.

Todo iba más o menos bien hasta que desafortunadamente me caí en la calle y me di contra el suelo, golpeándome en la zona de la prótesis.

A partir de ese momento, aún más, el dolor empezó a ser parte de mí, condicionando mi forma de vida. Mis médicos me recomendaron reposo para ver si todo volvía a la normalidad, pero nada, no fue así. No podía casi caminar ni mantenerme de pie. Tras dos meses inmovilizada y tras preguntar a varios especialistas (de hecho, recorrí varios hospitales de la geografía española), nadie me daba una solución.

Casualmente, mi primer traumatólogo, que por entonces estaba de baja, me recomendó al Doctor Villanueva.

Fue un milagro. Mi salvación. La Virgen me lo puso en mi camino. Él me explicó que mi caso era muy complicado pero que lo intentaría. Yo creo que cuando no tienes nada que perder y mantienes la fe hay que seguir adelante. El doctor me puso en la lista de espera, me explicó las opciones y la dificultad de mi caso y que pensaba hacer la reconstrucción con un nuevo material, con el que había poca experiencia todavía. La mala suerte es que volví a caerme cuando ya estaba en lista de espera para hacerme el recambio de la prótesis de cadera.

Volcó la silla de la que me ayudaba y se me rompió el fémur, alrededor de la prótesis de rodilla, que se desplazó. Esto complicaba aún más el pronóstico de mi enfermedad, pues no se sabía si volvería a poder caminar por la cadera y, en ese momento, encima, se me rompió la rodilla y se me aflojó la prótesis. Estuve meses en el hospital y las cosas se estaban complicando. Por si fuera poco, mi organismo parecía estar rechazando la prótesis de la cadera izquierda, un rechazo que ya había acabado con una gran parte del hueso, creando un defecto en la pelvis que era el que parecía asustar a los médicos consultados.

Me intervinieron por etapas, fue una ‘obra de romanos’. Operada de la rodilla para estabilizar la fractura y para volver a fijar la prótesis. Pero no sólo: operada de la cadera con un material novedoso, el doctor, por la gravedad del caso y la pérdida tremenda de hueso me prohibió apoyar la pierna durante tres meses. Tiempo al que había a los que sumar los meses previos inmovilizada.

En la operación me habían puesto muchísimo injerto y un material especial, diferente a los que había hasta entonces y del que había pocas publicaciones y casos en el mundo, según nos contó el Dr. Villanueva, en aquel entonces. Mi caso era tan complicado, había tan poca experiencia en este tipo de intervenciones y materiales, que hubo que pedir una autorización personalizada para poder colocarme este nuevo material.

Pese a toda la angustia e incertidumbre, pasaron los meses y las radiografías mostraron la mejoría de las intervenciones. El injerto y el material nuevo lograron su objetivo y un buen día el Dr. Villanueva y yo acordamos que ya había llegado el tiempo de poner a prueba la operación y la nueva reprótesis. Comencé a ponerme en pie, aguantando cada vez más, agarrada a un andador o a una silla, y luego, poco a poco, a caminar distancias cortas.

Y aquí estoy: de no ser nada a ser persona. Me valgo por mí misma y me siento útil. Nunca quise ser una carga para mis hijos. Lo cierto es que todos los médicos rechazaban operarme y el doctor Villanueva, que me explicó claramente las dificultades de mi caso, no perdió conmigo la esperanza.

Yo creo que la Virgen me lo puso en mi camino, estoy segura de que hombres tan excepcionales como él existen, pero para encontrarlos hay que seguir teniendo fe.

Ahora puedo hacer mí día a día, soy independiente. Para mí, los milagros se hacen así, con gente que te ayuda, porque el verdadero milagro es la vida.

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