Autora. Trinidad Andrés Moreno

La diabetes o la insuficiencia venosa dejan de ser un obstáculo para pasar por quirófano.

Trinidad Andrés Moreno tiene 58 años y, como ella misma dice: “Un cuerpo muy delicado, tanto que reacciona fatal ante cualquier manipulación externa”. Puede que parte de la culpa de ello esté en la diabetes, la insuficiencia venosa y el linfedema que minan su cuerpo desde hace tiempo.

Hace siete años, a estas dolencias, se sumó la aparición de dolor en la planta del pie cada vez más agudo e incapacitante. Su diagnóstico: fascitis plantar, una lesión muy frecuente, de hecho es la más temida por los corredores. Pero afecta también al 10% de la población general de entre 25 y 65 años.

La fascia plantar es una estructura acintada, formada por tejido colágeno, que se localiza en la planta del pie y que se expande, a modo de abanico, desde el hueso del talón o calcáneo, hasta la región anterior del pie. Su misión es la de amortiguar los impactos y dar soporte al pie cuando caminamos, corremos o saltamos. Pero la repetición de estas ‘impactos’ sobre la extremidad inferior durante kilómetros y kilómetros o el exceso de entrenamiento pueden llegar a ocasionar la degeneración del tejido colágeno causando inflamación y dolor. Además de los choques reiterados otros motivos documentados que influyen en la alteración de la función de la fascia y el desarrollo de la lesión son el peso, la altura, la edad o tener una pierna más corta que otra.

La primera señal de la fascitis plantar es el dolor: sordo y agudo. Los que lo sufren lo definen como ‘perverso’ ya que, generalmente, no aparece con la actividad física, sino en frío, cuando se apoya el pie, por ejemplo, por primera vez al levantarse de la cama por la mañana o tras un tiempo de reposo. Su intensidad puede llegar incluso a provocar cojera. Desafortunadamente, si la patología persiste de forma prolongada pueden producirse cambios degenerativos, conocidos como fasciosis. Es decir, la pérdida de las características fisiológicas de la fascia, un extremo peligroso que puede llegar a cronificar el dolor. Los expertos advierten por ello de la necesidad de consultar con un especialista ante cualquier molestia de la planta del pie que dure más de una semana.
Las opciones quirúrgicas de la fascitis plantar incluyen la cirugía abierta, la cirugía endoscópica, con uno o dos portales y la cirugía percutánea asistida con fluoroscopia.

Las dos primeras exigen isquemia, por lo tanto una anestesia mayor. La segunda exige dar rayos x y no permite controlar cuanto se libera de la fascia, se hace “a ciegas”. A este hecho se suma que en pacientes con diabetes o insuficiencia venosa pueden estar contraindicadas.
“Tras probar todo tipo de tratamientos conservadores, seguí sufriendo las graves molestias en el pie que me impedían andar. Ya no sabía qué hacer”, declara Trinidad. Fue entonces cuando se planteó pasar por quirófano, “pero un médico tras otro, me dijeron que por mis enfermedades no podía operarme. Yo no tiré la toalla y acudí a un especialista que me recomendó una nueva técnica de cirugía ultra-mínimamente invasiva guiada por ecografía”.

Trinidad ha sido la primera paciente diabética intervenida en el mundo de un problema en la extremidad inferior mediante la cirugía ecoguiada. “No me lo podía creer. No sólo salí andando de consultas, sin puntos, sino que a la semana de la intervención no se veía ni un punto, ni rastro, que indicara que me había intervenido”.

Manuel Villanueva y Álvaro Iborra, codirectores de Avanfi, son los profesionales que la han llevado a cabo mediante esta nueva técnica de cirugía ultramínimamente invasiva y que ha sido premiada este año por la Academia Americana de Cirujanos Ortopédicos. Es la primera vez que esta institución premia este tipo de técnicas y la cuarta vez que premia a los autores por sus técnicas quirúrgicas en cirugía de cadera, rodilla o, ahora, el pie.

Este abordaje, diseñado por los autores, permite ser aún más selectivos, sin dañar estructuras asociadas, favoreciendo una recuperación más rápida del paciente, deportista o no. Para tal fin se utilizan bisturíes especiales, diseñados para este tipo de cirugía, de tal manera que la operación se realiza a través de una incisión de 1 mm y no está contraindicada en la diabetes y la insuficiencia venosa, por lo que muchos ya no sólo en el caso de que sufran fascitis plantar, si no en otras múltiples enfermedades y lesiones que ya se abordan con cirugía ecoguiada, como el neuroma de Morton, el síndrome del túnel del carpo, la epicondilitis, el dedo en gatillo, el síndrome del túnel del tarso, la enfermedad de Dupuytren, o las tendinosis del rotuliano o del tendón de Aquiles. La ventaja de esta cirugía es que no hay que abrir, limitando el daño de los tejidos, y que se hace sin isquemia (sin dejar el brazo o la pierna sin sangre), por lo que la anestesia es local, con menos riesgos y una recuperación inmediata.

En el caso de la fascitis plantar la recuperación a la vida normal se realizará de forma progresiva. El paciente ha de readaptarse a la nueva situación del pie, para evitar que la pisada sea dolorosa, y se obtenga el beneficio pretendido con la intervención quirúrgica.

“He llevado una semana unos zapatos especiales, y me he apoyado con un bastón, pero ya calzó los zapatos de siempre y no necesito apoyos. Estoy realmente bien, puedo andar sin molestias”, reconoce Trinidad, que defiende la necesidad de dar a conocer esta técnica entre pacientes con patologías crónicas como las mías que nos cierran las puertas a soluciones quirúrgicas necesarias para mantener la calidad de vida.

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