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Testimonio Displasia de Cadera Beatriz Pita

Autora: Beatriz Pita

 

Me llamo Beatriz y, actualmente, tengo 38 años, a punto de cumplir los 39, con un nuevo rumbo en la vida, como si hubiera vuelto a nacer.

Nací con displasia bilateral de cadera. El pediatra que me atendió en el parto, dijo a mis padres que tuve el clic de caderas y que me llevasen a un traumatólogo lo antes posible.

Mis padres, me llevaron a distintos traumatólogos que, incluso con una radiografía de caderas, dieron un diagnóstico equivocado, por lo que mi vida siguió su rumbo.

A los 15 meses, seguía sin poder andar, simplemente me arrastraba e intentaba, de mala forma, ponerme de pie. De forma casual, un traumatólogo me diagnosticó displasia bilateral de cadera.

A partir de ahí se desencadenó una serie de operaciones quirúrgicas, cambios de escayolas y un sinfín de hospitales durante mi infancia, hasta los 7 años de edad.

Siempre me consideré un poco coja, enferma, ya que todo el mundo me preguntaba por mi cadera. A veces, pero con muy poca frecuencia, tenía dolores. Había movimientos que no podía hacer. Aun así, esquiaba, jugaba al tenis, montaba a caballo, patinaba, hacía bici e incluso una vez, me monté en parapente, y así pasó mi infancia, como una niña normal pero con una pequeña enfermedad congénita.

A los 17 años, en plena adolescencia, ocurrió una circunstancia que dio un giro a mi vida e infancia aparentemente normal, mi padre insistía en que tras jugar un partido de tenis o excederme un poco con el ejercicio tenía una ligera cojera. El médico me dio una solución, una operación en la cadera derecha que me cambiaría la vida (se llamaba Chiari), 3 semanas de hospitalización y después, libre para siempre.

Finalmente decidí operarme y fue cuando me di cuenta de que mi vida de antes era absolutamente normal, que no era coja y que casi no había nada que no pudiera hacer. Mis operaciones habían sido un éxito, aunque yo no fuese consciente de ello en aquel momento.

Mi cambio de vida tras la operación…

·         Me quedé con unas cicatrices horribles, dolorosas, tan dolorosas, que estuve medicada y con terapia en la unidad del dolor, una de las cicatrices me pasó por un nervio. No podía ponerme muchísima ropa, cualquier contacto con la cicatriz, incluso ligeramente, era un dolor insoportable (nunca había tenido tanto dolor). Aprendí a ducharme sin tocarme la zona, me cambié mi forma de vestir por ropa interior de algodón y de 3 tallas más, pantalones anchos, etc… fue un cambio de vida muy duro. Hasta tenía una excepción para no utilizar el cinturón de seguridad.

·         Me quedó una disimetría, una diferencia de longitud, entre ambas piernas de más de 3 cm, por lo que tuve que llevar plantilla, se acabaron las sandalias, los zapatos de tacón o cuñas. Sólo zapato ancho y cómodo, donde cupiera bien la plantilla.

·         El tema del peso también empezó a formar parte de mi vida, sí. Con 18 años y siendo muy delgada, siempre estaba obsesionada con mi peso, no podía engordar, me pesaba con frecuencia y los médicos me decían que no debería tener hijos pues mi cadera no aguantaría el peso.

·         Se acabó el ejercicio físico, sólo podía nadar, con cualquier otro ejercicio, me dolía la cadera.

La cadera pasó de ser un elemento secundario en mi vida a ser lo primero, cualquier cosa que hacía, mi primer pensamiento era de mi cadera.

¿Podría hacerlo?, ¿sería capaz?, ¿tendría dolores posteriores si lo hacía?, ¿me cabría la plantilla?. Decidí, por propia convicción, que los dolores hay que aguantarlos, que los medicamentos al final no son buenos, y así, aprendí a vivir con dolor crónico…

Pasaron los años, conocí a mi marido y quise tener hijos, me arriesgué. El embarazo fue maravilloso, sin dolores, fue un alivio y con los años intentaba hacer una vida más o menos normal, aunque con dolores crónicos, pero los llevaba bien. Un día, con 37 años me fui a patinar con mis hijos (desde los 18 años no había vuelto a patinar), y… me caí. Se me movió la cadera, me dolió, pero se colocó y bien, me quité los patines y me fui a casa. Al cabo de un mes el dolor aumentó tanto que no podía andar, fue un antes y un después, ya vi que el final de mi cadera había llegado.

Así que, decidí ir a ver al Doctor Villanueva. Llevaba años sin verle desde su etapa en el Gregorio Marañón, pero era el doctor al que me remitieron tras la última operación. Él me había visto evolucionar desde los 18 años y siempre me ha dado mucha confianza hablar con él, su criterio y opinión.

Tras examinarme me dijo que podría aguantar todavía unos años, pero con el tiempo, vi que el dolor no remitía y me operé.

Ahora, os voy a hablar de mi vida actual, han pasado solo 4 meses desde que me operé de mi displasia bilateral de cadera, pero el cambio ha sido radical. No tengo dolores, no tengo cojera, no tengo disimetría, la pierna derecha ha vuelto a ser la dominante como buena diestra… Para llevar una vida normal, sin excesos (el Dr. me insiste en que puedo hacer bici, montañismo, equitación, esquí, gimnasio…), creo que la prótesis de cadera es tremendamente positiva.

Traumatología Displasia-Bilateral-de-Cadera

Montando en bici a los 5 meses de la intervención de displasia bilateral de cadera

La operación de prótesis de cadera es mucho más suave que cualquier operación de cadera anterior (Salter, Chiari…). Al día siguiente de entrar en quirófano ya estaba andado (con muletas) y en una semana en casa.

Al principio no puedes hacer casi nada, es duro, los músculos están muy flácidos y todo debe volver a su sitio, pero la recuperación es rápida,  tienes que esforzarte y hay movimientos con los que tienes que tener cuidado, por ejemplo, correr, saltar, nadar a braza, cruzar las piernas, … pero, si realmente lo necesitas, el cambio es radical, realmente ha merecido la pena, creo que me ha hecho volver a nacer y ver las cosas desde un punto de vista más positivo, por fin, sin dolores crónicos…

VÍDEO: DISPLASIA DE CADERA